El fenómeno político que llevó a Javier Milei a la Presidencia en 2023 despertó expectativas sobre la posibilidad de que nuevas figuras provenientes del mundo empresarial, religioso o mediático pudieran competir por el poder en las elecciones de 2027. Sin embargo, los últimos relevamientos nacionales muestran dificultades para tres nombres mencionados como eventuales alternativas: Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad.
Las mediciones de potencial electoral reflejan que ninguno alcanza el 2% de voto seguro, mientras que los indicadores de imagen y conocimiento público muestran obstáculos adicionales para una eventual construcción presidencial.
Los estudios examinados incluyen relevamientos de Zuban Córdoba, RDT, la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Andrés. Aunque presentan diferencias metodológicas, permiten observar cómo son percibidas estas figuras fuera de sus ámbitos habituales de actividad.
Las encuestas: cuánto miden Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad
La medición de potencial electoral de Zuban Córdoba ubica a Dante Gebel con un 1,3% de voto seguro, Jorge Brito con un 1,1% y Daniel Hadad con un 0,9%.
Los porcentajes corresponden a quienes afirman que votarían con seguridad a cada figura. No deben confundirse con una proyección de resultados electorales ni con la intención de voto en una elección con candidaturas formalizadas.
Figura
Actividad principal
Voto seguro
Imagen positiva
NS/NC o desconocimiento
Dante Gebel
Pastor y comunicador
1,3%
9% a 18,7%
52% a 55%
Jorge Brito
Empresario bancario y expresidente de River Plate
1,1%
8% a 12,9%
52,6% a 57%
Daniel Hadad
Empresario de medios y fundador de Infobae
0,9%
12% a 22,6%
35,4% a 50%
Los rangos de imagen positiva y de respuestas sin opinión formada corresponden a diferentes relevamientos nacionales. En consecuencia, no representan una única encuesta ni deben interpretarse como resultados directamente equivalentes.
Cuando se incorpora la posibilidad de voto probable, los porcentajes de potencial electoral se amplían. En la medición citada, alcanzan el 12,5% para Hadad, el 9,9% para Brito y el 6,3% para Gebel.
Al mismo tiempo, una proporción considerable de los consultados manifiesta que no votaría a estas figuras: 60,2% en el caso de Hadad, 60,6% para Brito y 75,5% para Gebel.
El desconocimiento y la polarización, dos obstáculos para los outsiders
Uno de los principales desafíos identificados por las encuestas es el elevado nivel de desconocimiento o ausencia de opinión sobre los tres posibles aspirantes.
Aunque Gebel, Brito y Hadad cuentan con trayectorias públicas, sus actividades se desarrollaron principalmente en ámbitos específicos, lo que no necesariamente se traduce en reconocimiento electoral a escala nacional.
La comparación con el recorrido de Javier Milei permite identificar una diferencia: antes de presentarse a elecciones, el actual Presidente había acumulado una prolongada exposición en programas televisivos de debate político y económico.
En cambio, Gebel construyó su audiencia principalmente desde la comunicación religiosa y comunitaria; Brito desarrolló su carrera en el sector financiero y en la conducción deportiva; y Hadad consolidó su trayectoria en la industria de los medios.
La otra dificultad surge de la estructura de preferencias políticas. Los relevamientos describen un escenario en el que La Libertad Avanza y el peronismo concentran buena parte de las adhesiones, lo que reduce el espacio disponible para propuestas nuevas.
En distintas mediciones, ambos sectores reúnen aproximadamente entre el 60% y el 65% de las preferencias, aunque los porcentajes varían según las opciones y los escenarios planteados en cada encuesta.
Esta concentración no impide la aparición de nuevas fuerzas, pero plantea dificultades para quienes buscan instalar una candidatura presidencial sin una estructura partidaria consolidada.
El desafío de transformar notoriedad en una candidatura nacional
Los tres perfiles presentan características diferentes y posibles espacios de identificación, aunque ninguno cuenta, según los indicadores citados, con una base electoral nacional consolidada.
Dante Gebel dispone de reconocimiento en sectores religiosos y comunitarios, pero una eventual candidatura debería ampliar su llegada hacia votantes que no participan de esos ámbitos.
Jorge Brito tiene vínculos con sectores empresariales, financieros y políticos. Su trayectoria institucional le otorga visibilidad, aunque esa experiencia no implica necesariamente adhesión electoral.
Daniel Hadad cuenta con una extensa trayectoria en el sector de medios y relaciones en ámbitos empresariales e institucionales. Su eventual participación electoral supondría trasladar ese perfil a una propuesta política definida.
Otro aspecto central es la construcción territorial. Una candidatura presidencial necesita presencia en las provincias, equipos políticos, representantes y capacidad de organización.
La implementación de la Boleta Única de Papel modifica determinados aspectos de la competencia electoral, pero no elimina la necesidad de desarrollar una estructura política ni de construir reconocimiento entre los votantes.
Los datos disponibles muestran que la condición de outsider, por sí sola, no garantiza adhesión. El reconocimiento público, la valoración personal, la identificación con una propuesta y la intención efectiva de voto son dimensiones diferentes.
De cara a las elecciones presidenciales de 2027, los relevamientos ubican a Gebel, Brito y Hadad en una etapa de escasa adhesión electoral declarada. La posibilidad de que alguno avance hacia una candidatura dependerá de decisiones políticas que, por el momento, no pueden deducirse de los porcentajes de las encuestas.
De cara a las elecciones presidenciales de 2027, Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad aparecen mencionados como posibles figuras ajenas a la política partidaria tradicional. Según los porcentajes atribuidos a relevamientos de opinión, ninguno supera el 2% de intención de voto directo. El elevado desconocimiento público y la polarización entre libertarios y peronistas figuran entre los principales obstáculos para una eventual candidatura.
La política argentina parece haber desarrollado una fascinación por encontrar al próximo Javier Milei, pero sin Javier Milei. Después de comprobar que un economista mediático podía llegar a la Presidencia, algunos sectores comenzaron a mirar hacia los estudios de televisión, los bancos y los escenarios religiosos en busca de una nueva figura capaz de alterar el tablero electoral. El problema es que, según los porcentajes citados en los relevamientos, los nombres elegidos todavía tienen una relación bastante distante con las urnas: ninguno alcanza el 2% de intención de voto directo.
En esta búsqueda aparecen Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad. Un pastor y comunicador, un empresario bancario vinculado al fútbol y un referente del negocio de los medios. Tres trayectorias diferentes unidas por una particularidad estadística: buena parte del electorado todavía no tiene una opinión formada sobre ellos. Es una situación curiosa para cualquier aspirante presidencial, porque antes de convencer a millones de personas de que lo voten, debe resolver el pequeño inconveniente de conseguir que sepan quién es.
Gebel cuenta con una audiencia construida desde la comunicación religiosa y comunitaria. Brito tiene presencia en el universo financiero y deportivo. Hadad dispone de una extensa trayectoria empresarial y mediática. Cada uno posee visibilidad en su ámbito, pero transformar ese reconocimiento sectorial en votos nacionales es una operación considerablemente más compleja que organizar un acto, dirigir una institución o administrar una compañía.
La polarización tampoco facilita la tarea. El oficialismo libertario y el peronismo concentran, de acuerdo con el análisis presentado, una porción mayoritaria de las preferencias. Así, cualquier aspirante a tercera vía debería intentar ingresar a una competencia donde los protagonistas ya ocupan buena parte del escenario, el público discute entre ellos y los organizadores todavía no encuentran dónde colocar una tercera silla.
La Boleta Única de Papel puede simplificar aspectos de la competencia electoral, pero no viene acompañada de un servicio de instalación de candidatos. No proporciona conocimiento público, equipos provinciales ni una propuesta política reconocible. Mucho menos convierte automáticamente una buena reputación empresarial o una audiencia numerosa en una estructura capaz de disputar una elección presidencial.
La experiencia de Milei demostró que una figura ajena a los partidos tradicionales puede alcanzar la Presidencia. Lo que no demostró es que exista una fórmula de reproducción automática. Por ahora, los tres nombres mencionados enfrentan una dificultad bastante elemental: antes de convertirse en alternativas de poder, tendrían que dejar de ser alternativas principalmente conversadas en ámbitos de poder. La política podrá buscar un nuevo outsider, pero el electorado todavía no parece haber firmado el contrato.
