El ánimo social estuvo en el centro del diagnóstico que presentaron Lara Goyburu, Alejandro Catterberg y Ana Iparraguirre durante el Simposio Internacional de Economía. Los analistas describieron una sociedad preocupada por su situación cotidiana y plantearon que el orden macroeconómico necesita acompañarse de mejoras concretas.
El encuentro organizado por Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina reunió las exposiciones sobre economía y política. Los tres consultores analizaron cómo las expectativas sociales pueden influir en la competencia electoral de 2027.
El empleo y la economía familiar concentran las preocupaciones
Goyburu, directora de Management & Fit, ubicó la desocupación como principal problema y señaló que la inseguridad comienza a ganar relevancia. Su diagnóstico puso el foco en las dificultades económicas que atraviesan los hogares.
La consultora sostuvo que el ajuste tiene un impacto particular sobre las mujeres por su participación en la administración familiar y las tareas de cuidado. También señaló que los recortes en salud, educación y atención de personas mayores aumentan esas responsabilidades.
Según Goyburu, el enojo todavía ocupa un lugar menos destacado que otras emociones en los relevamientos. Vinculó esa situación con distintas posibilidades, entre ellas la paciencia, las expectativas y la desmovilización.
Las condiciones laborales también forman parte del debate sobre el bienestar en la provincia. Durante la Semana Social de San Juan, especialistas abordaron la pobreza, la precariedad del empleo y las dificultades de los jóvenes.
Las demandas sociales y el escenario electoral
Iparraguirre, directora de Dynamis Consulting, sostuvo que existe una distancia creciente entre las variables macroeconómicas y la percepción ciudadana. Según su análisis, mejorar esos indicadores será insuficiente para asegurar la reelección del oficialismo.
La consultora identificó dos desafíos electorales para el Gobierno: la aparición de una candidatura capaz de representar al centro y un resultado inesperado en las PASO. Interpretó que el impulso oficial para eliminar las primarias busca reducir la oferta electoral.
Catterberg, presidente de Poliarquía Consultores, planteó que la Argentina atraviesa una transformación que afecta tanto a la sociedad como a las coaliciones tradicionales. También atribuyó parte de las dificultades del Gobierno a sus errores e internas.
La discusión sobre las expectativas tiene otros antecedentes recientes. La UCA registró en septiembre el mayor nivel de incertidumbre económica del año en su indicador elaborado a partir de comentarios económicos publicados en YouTube.
Las diferencias sobre las reservas y el crecimiento
En el mismo simposio, Ricardo Arriazu cuestionó la acumulación de reservas del Banco Central. El economista sostuvo que las condiciones del agro, los hidrocarburos y la minería permitirían crecer por encima del 5% anual, y atribuyó a las compras de divisas una limitación sobre esa posibilidad.
Martín Vauthier, director del Banco Central, defendió esa política como parte de la reconstrucción de la confianza. Según las cifras que presentó, la entidad compró cerca de US$40.000 millones al sector privado desde el inicio de la gestión, incluidos alrededor de US$15.000 millones durante 2026.
Vauthier afirmó además que las reservas netas pasaron de un saldo negativo superior a US$11.000 millones a fines de 2023 a uno positivo mayor a US$12.000 millones. El funcionario sostuvo que el orden fiscal y monetario ofrece condiciones para continuar reduciendo la inflación.
Tres analistas advirtieron sobre el desánimo social durante un simposio económico realizado el martes 20 de octubre. Lara Goyburu, Alejandro Catterberg y Ana Iparraguirre señalaron que las preocupaciones cotidianas y la incertidumbre condicionan el escenario político. Según sus diagnósticos, el orden macroeconómico necesita traducirse en mejoras concretas para sostener el respaldo electoral.
La macroeconomía puede ordenar sus números; conseguir que esos números entusiasmen a una familia requiere otro trabajo. Ese fue uno de los mensajes del panel de Goyburu, Catterberg e Iparraguirre: la estabilidad tiene valor, pero la ciudadanía también reclama resultados cotidianos. El Excel podrá cerrar impecable; todavía le falta aprender a hacer las compras.
Goyburu ubicó la desocupación entre las principales preocupaciones y describió el peso que soportan las mujeres en la administración familiar y los cuidados. También señaló que el enojo todavía aparece detrás de otras emociones. Para la comunicación política, interpretar esa paciencia como satisfacción sería como confundir el silencio del grupo familiar con la aprobación del presupuesto de las vacaciones.
Iparraguirre sostuvo que una mejora macroeconómica, por sí sola, no garantiza la reelección. Una observación bastante incómoda para cualquier campaña que aspire a resolver todo con una curva descendente y una presentación prolija. La política descubre otra vez que los votantes tienen la costumbre de pedir algo más que una explicación sobre por qué deberían estar contentos.
Catterberg agregó que el Gobierno encuentra dificultades en sus propios errores e internas, mientras las coaliciones tradicionales atraviesan una crisis. El diagnóstico deja una escena conocida: discutir quién conduce, quién acompaña y quién se queda con la ventanilla cuando todavía falta convencer a los pasajeros de que el viaje mejora. La interna siempre consigue asiento.
En el mismo encuentro, Arriazu cuestionó el efecto de comprar reservas sobre el crecimiento y Vauthier defendió esas compras como parte de la recuperación de la confianza. El debate es relevante y tiene consecuencias concretas. Pero, entre el balance del Banco Central y las expectativas de los hogares, sigue pendiente una traducción: el bienestar necesita llegar sin que un consultor explique cómo reconocerlo.
