El Gobierno de Javier Milei volverá a intentar el próximo miércoles 14 de octubre obtener dictamen para la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes, conocido como PCT, durante un plenario de comisiones del Senado.
La nueva convocatoria se producirá después de que la Cámara de Diputados aprobara la iniciativa con modificaciones, circunstancia que obligó a que el proyecto regresara a la Cámara alta para su revisión.
La reunión se realizará en medio de una creciente presión por parte de Estados Unidos. El embajador Peter Lamelas reclamó una pronta aplicación del tratado durante un encuentro sobre salud organizado por AmCham y afirmó que existen US$8.000 millones en inversiones pendientes de laboratorios nucleados en CAEME, fondos que podrían destrabarse con la aprobación.
Qué establece el PCT y dónde aparece la controversia
El PCT no crea una patente mundial. El mecanismo permite que una empresa, un investigador o un inventor presente una única solicitud para iniciar el trámite de protección de una invención en los países que integran el tratado.
El sistema contempla una búsqueda internacional y distintas instancias de evaluación, aunque la decisión final sobre la concesión de una patente permanece en manos de las oficinas de propiedad industrial de cada país.
La principal controversia está concentrada en el Capítulo II del tratado, que habilita un examen preliminar internacional sobre la patentabilidad de las invenciones.
Aunque los informes que surgen de ese procedimiento no obligan al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) a conceder una patente, los laboratorios nacionales agrupados en CILFA advierten que una adhesión plena podría facilitar el patentamiento de medicamentos y modificaciones de productos existentes, con efectos sobre la competencia de genéricos y biosimilares.
Las multinacionales reunidas en CAEME, en cambio, respaldan el esquema y sostienen que ofrece mayor previsibilidad para la protección de innovaciones y para las decisiones de inversión.
La reserva sobre el Capítulo II y las firmas que busca el oficialismo
Los laboratorios de capital nacional agrupados en CILFA se habían mostrado reticentes al avance del proyecto y su posición ya había contribuido a demorar durante meses el tratamiento en Diputados.
El texto que llegará al plenario contempla la adhesión con reserva del Capítulo II, el apartado que habilita el examen preliminar internacional por parte de oficinas de patentes extranjeras. Esa salvedad fue la que permitió que CILFA diera su visto bueno para que la iniciativa avanzara.
En la Casa Rosada se muestran optimistas pese a las sucesivas suspensiones que atravesó el expediente. «Lo vamos a aprobar», resumieron desde el Gobierno argentino.
El área del Poder Ejecutivo que impulsa la discusión, tanto por el PCT como por la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos anunciado el 5 de febrero y estructurado en seis segmentos, es el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, encabezado por Federico Sturzenegger.
La articulación política recae especialmente sobre el secretario de Desregulación, Alejandro Cacace, quien funciona como vínculo entre el área y los bloques legislativos.
La discusión se desarrollará en un plenario de las comisiones de Relaciones Exteriores e Industria. El miembro informante será Francisco Paoltroni, titular de la comisión cabecera.
Patricia Bullrich trabaja para reunir nueve firmas en cada una de las comisiones y conseguir un despacho de mayoría, aunque algunos senadores integran ambas.
Estados Unidos aumenta la presión y prepara visitas de alto nivel
La presión norteamericana para ratificar los acuerdos comerciales y de patentes coincide con una agenda de visitas de funcionarios estadounidenses de alto nivel.
El vicepresidente J.D. Vance tiene previsto llegar a la Argentina en noviembre, aunque todavía no fueron confirmadas las fechas ni la agenda de su visita.
También se espera durante octubre la llegada de Christopher Landau, subsecretario de Estado y número dos de la diplomacia norteamericana. Si bien tampoco existe una agenda oficialmente confirmada, se prevé que su arribo ocurra alrededor del 20 de octubre.
El movimiento diplomático se produce en un escenario de fuerte competencia geopolítica, con Donald Trump disputando con China la influencia en la región y con Milei ubicado entre sus principales aliados en América Latina.
Ese escenario podría experimentar nuevos cambios ante un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en Brasil el próximo 25 de octubre.
A ese panorama se sumaron las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien aseguró que Washington estaría dispuesto a asistir nuevamente a la Argentina en caso de ser necesario.
Noviembre incorporará además otros dos acontecimientos relevantes: la visita del papa León XIV, que mantuvo diferencias con la administración republicana, y las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde la segunda gestión de Donald Trump quedará sometida al voto ciudadano.
Antes de esa agenda diplomática y política, el oficialismo deberá conseguir en el Senado las firmas necesarias para avanzar con el tratado. Por el momento, no existe una fecha definida para una eventual sesión en la Cámara alta.
El Gobierno de Javier Milei buscará el miércoles 14 de octubre obtener dictamen en el Senado para la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT). La iniciativa volvió a la Cámara alta tras cambios introducidos en Diputados y llega acompañada por presión de Estados Unidos, expectativas de inversión y una fuerte disputa entre laboratorios nacionales y multinacionales.
El PCT volvió al Senado con ese talento que tienen algunos proyectos argentinos para recorrer el Congreso más veces que un asesor buscando una oficina con café. Después de pasar por Diputados, recibir modificaciones y regresar a la Cámara alta, el Gobierno de Javier Milei confía en que esta vez el expediente consiga algo parecido a una vida legislativa normal: dictamen, firmas y eventualmente una sesión. Una ambición que, en términos parlamentarios, ya califica como optimismo extremo.
El asunto podría parecer técnico hasta que aparecen las palabras “patentes”, “laboratorios”, “Estados Unidos” y “US$8.000 millones”. A partir de ahí, la discusión abandona rápidamente el terreno de los formularios internacionales y adquiere la temperatura de una negociación donde cada coma puede valer varios ceros. Peter Lamelas puso el número sobre la mesa y vinculó inversiones pendientes con la aprobación del tratado, una manera diplomática de recordar que incluso la propiedad intelectual tiene su versión del “¿y esto cuándo sale?”.
El centro de la batalla está en el Capítulo II, que habilita un examen preliminar internacional. Las multinacionales agrupadas en CAEME lo consideran una herramienta para ganar previsibilidad; los laboratorios nacionales nucleados en CILFA temen que facilite patentes capaces de complicar la competencia de genéricos y biosimilares. La solución encontrada fue una reserva sobre ese capítulo, una de esas fórmulas jurídicas capaces de lograr que dos sectores enfrentados puedan decir que ganaron sin necesidad de sentarlos demasiado cerca.
Federico Sturzenegger y Alejandro Cacace aparecen entre los principales impulsores desde el Poder Ejecutivo, mientras Patricia Bullrich trabaja sobre la matemática más importante de todo tratado internacional: conseguir nueve firmas por comisión. Porque antes de hablar de innovación, inversiones, propiedad intelectual y geopolítica, siempre existe una instancia mucho más terrenal en la política argentina: contar senadores uno por uno.
Todo ocurre, además, mientras Washington aumenta su presencia regional y prepara visitas de funcionarios de alto nivel. Entre Estados Unidos, China, acuerdos comerciales, patentes y elecciones, el Senado tendrá que resolver un expediente que comenzó como cooperación internacional y terminó instalado en un tablero geopolítico considerablemente más grande. El tratado todavía no tiene fecha de sesión, pero ya consiguió algo bastante argentino: convertirse en un asunto técnico con suficientes actores políticos como para que nadie pueda llamarlo solamente técnico.
