A diferencia del Litoral o la Región Pampeana, donde el principal riesgo asociado a El Niño suele estar relacionado con crecidas de ríos e inundaciones provocadas por lluvias intensas, en las provincias cuyanas el fenómeno presenta una doble cara.
Por un lado, puede representar un alivio significativo para las cuencas hídricas después de años de sequía. Por otro, aumenta la posibilidad de tormentas severas, granizo, aluviones y anegamientos en sectores urbanos y productivos.
Más nieve en la Cordillera y alivio para las cuencas
Uno de los principales efectos positivos de El Niño en Cuyo está vinculado con el comportamiento de la Cordillera de los Andes.
El debilitamiento del Anticiclón del Pacífico Sur favorece el ingreso más frecuente de frentes fríos y sistemas de baja presión hacia las Altas Cumbres.
En ese escenario, las proyecciones indican acumulaciones de nieve superiores a los valores históricos en las cabeceras de los ríos Mendoza, Tunuyán, San Juan y Jáchal.
El aumento de las nevadas puede traducirse posteriormente en mayores caudales durante el deshielo estival, con beneficios para los oasis productivos y para la recuperación de embalses como Ullum, Cuesta del Viento, Potrerillos y El Carrizal.
El fenómeno representa además una posibilidad de recuperación parcial para cuencas afectadas por más de una década de sequía estructural, con impacto directo sobre el riego agrícola y la disponibilidad de agua para consumo humano.
Tormentas, granizo y lluvias por encima de lo normal
En las zonas bajas y en los valles productivos de San Juan, Mendoza y San Luis, el incremento de la humedad atmosférica modifica el panorama para los meses de mayor temperatura.
La combinación entre calor y una mayor presencia de aire húmedo favorece el desarrollo de convección profunda y, con ello, una mayor probabilidad de tormentas intensas.
También se esperan precipitaciones por encima de los promedios estacionales, un escenario que puede provocar aluviones, crecidas repentinas de cauces secos y anegamientos en sectores urbanos vulnerables.
Otro de los riesgos asociados es el granizo, especialmente sensible para las áreas agrícolas dedicadas a viñedos y frutales.
En cuanto a las temperaturas, los valores medios podrían mantenerse dentro o ligeramente por encima de lo habitual. Sin embargo, una mayor cobertura nubosa podría moderar algunos episodios de calor extremo prolongado, aunque acompañados por jornadas de elevada humedad.
Las medidas preventivas para el campo y las ciudades
Frente a las perspectivas asociadas a El Niño, especialistas e instituciones del sector agrometeorológico recomiendan reforzar las medidas preventivas tanto en áreas productivas como urbanas.
Entre las principales acciones se encuentra la verificación de mallas antigranizo y otros sistemas de protección de cultivos en viñedos y frutales.
También se considera fundamental avanzar con la limpieza de hijuelas, canales de riego, desagües y colectores aluvionales para reducir el riesgo de desbordes frente a lluvias intensas concentradas en períodos breves.
En alta montaña, el monitoreo permanente será otro de los puntos clave. Los pasos internacionales, entre ellos Cristo Redentor y Agua Negra, podrían registrar cierres preventivos ante temporales tardíos o acumulaciones importantes de nieve.
El escenario plantea así una combinación de oportunidades y riesgos para Cuyo: una mayor disponibilidad hídrica puede aliviar la presión sobre las cuencas, mientras que el aumento de la inestabilidad obliga a reforzar la prevención frente a tormentas, granizo y eventos extremos.
El fenómeno de El Niño podría tener un impacto dual en Cuyo: favorecería las nevadas cordilleranas y la recuperación de caudales en ríos y embalses, pero también elevaría el riesgo de tormentas intensas, granizo, aluviones y anegamientos. San Juan, Mendoza y San Luis deberán reforzar la prevención agrícola, urbana y de alta montaña.
En Cuyo, El Niño llega con esa particular costumbre climática de traer buenas y malas noticias en el mismo paquete. Por un lado, más nieve en la Cordillera puede significar agua para riego, embalses con mejores reservas y algo de alivio después de años de sequía. Por el otro, la atmósfera parece recordar que ningún beneficio meteorológico viene sin letra chica y agrega tormentas, granizo, aluviones y posibles anegamientos.
La Cordillera aparece como la gran beneficiada del fenómeno. Un mayor ingreso de frentes fríos y sistemas de baja presión puede traducirse en acumulaciones superiores de nieve en las nacientes de los ríos Mendoza, Tunuyán, San Juan y Jáchal. Para una región donde cada centímetro de nieve termina convertido meses después en un dato económico, agrícola y social, la montaña funciona básicamente como una gigantesca caja de ahorro hídrica con vencimiento en verano.
El problema empieza cuando se baja de altura. En los oasis productivos, el aumento de humedad y las temperaturas elevadas pueden potenciar tormentas fuertes y episodios de granizo. Es decir, la misma configuración atmosférica capaz de llenar una cuenca también puede convertir una tarde de enero en una reunión urgente entre productores, aseguradoras y aplicaciones meteorológicas.
Por eso las recomendaciones son bastante menos glamorosas que mirar la nieve desde una ruta panorámica: revisar mallas antigranizo, limpiar canales, mantener drenajes, controlar colectores aluvionales y seguir de cerca los pasos internacionales. La prevención, como casi siempre, tiene poca épica pero suele ser más útil que explicar después por qué nadie retiró las ramas del canal.
El Niño podría darle a Cuyo una tregua hídrica importante, aunque con la condición de convivir con una atmósfera más activa. En otras palabras: más agua, sí, pero sin garantía de entrega a domicilio y con posibilidad de que parte llegue horizontalmente, acompañada por piedras de hielo.
