Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo desahucio en Madrid provocó una fuerte movilización social en defensa del derecho a la vivienda, murió este miércoles 7 de octubre después de permanecer alrededor de 15 días hospitalizada.
La mujer había sido desalojada el pasado 23 de septiembre de la vivienda ubicada en el barrio de Ibiza, en Madrid, donde había residido durante aproximadamente 70 años.
Su fallecimiento fue comunicado por el Sindicato de Inquilinas. Maricarmen permanecía internada en el Hospital Gregorio Marañón desde los días posteriores al desahucio.
Un desahucio que generó una fuerte reacción social
El caso de Maricarmen adquirió repercusión nacional después de que fuera desalojada de su vivienda y trasladada en camilla durante el procedimiento.
La situación provocó protestas y movilizaciones vinculadas con la crisis habitacional y el reclamo por una mayor protección para las personas en situación de vulnerabilidad frente a los desahucios.
Las protestas derivaron además en una acampada en la Puerta del Sol de Madrid, que reunió a personas afectadas por problemas de vivienda y a organizaciones que reclamaron medidas para frenar desalojos y mejorar las condiciones de acceso al alquiler.
Tras conocerse la muerte de Maricarmen, participantes de la movilización realizaron un minuto de silencio en su memoria.
Había un acuerdo para que pudiera regresar
Después del desahucio y de la presión generada por las protestas, se alcanzó una solución que contemplaba la posibilidad de que Maricarmen regresara a la vivienda mediante un nuevo contrato de alquiler.
Sin embargo, la mujer continuaba hospitalizada y finalmente murió antes de poder regresar a su casa.
Su situación llegó a convertirse en una referencia dentro del debate sobre los desalojos en España y fue mencionada incluso en otros procesos judiciales vinculados con personas vulnerables que enfrentaban la pérdida de sus viviendas.
Un símbolo del reclamo por la vivienda
Maricarmen había vivido durante aproximadamente siete décadas en el inmueble antes de ser desalojada. Su caso adquirió especial notoriedad por su edad, las circunstancias del procedimiento y la posterior reacción de organizaciones sociales y ciudadanos.
La muerte de la mujer se produjo mientras en España continúa abierto el debate político y judicial sobre los desahucios, el precio de los alquileres y las herramientas de protección para inquilinos vulnerables.
Las movilizaciones iniciadas después de su desalojo continuaron durante los días posteriores y su historia quedó asociada al reclamo por el acceso a una vivienda digna y por mayores garantías para quienes enfrentan procesos de desahucio.
Maricarmen Abascal, de 87 años, murió este miércoles 7 de octubre en Madrid tras permanecer unos 15 días hospitalizada. Había sido desahuciada el 23 de septiembre de la vivienda donde residió durante alrededor de 70 años. Su caso impulsó protestas y movilizaciones por el derecho a la vivienda en España.
Maricarmen tenía 87 años, llevaba alrededor de siete décadas en la misma vivienda y murió dos semanas después de ser desahuciada. Su historia terminó convertida en símbolo de una crisis habitacional que necesitó una anciana saliendo en camilla para ocupar el centro de la conversación pública española.
El desalojo ocurrió el 23 de septiembre en Madrid y provocó protestas, acampadas y movilizaciones que pusieron el acceso a la vivienda bajo los reflectores. El expediente inmobiliario había cumplido su recorrido mientras la realidad hacía esa costumbre burocrática de llegar sin turno previo.
Después de la presión social se alcanzó una solución que abría la posibilidad de que Maricarmen regresara a la vivienda mediante un nuevo contrato de alquiler. El acuerdo llegó, pero ella no pudo volver: permanecía internada y murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón.
Su caso trascendió la situación individual y se convirtió en referencia para otros procesos de desahucio. La Puerta del Sol fue escenario de una acampada vinculada al reclamo por la vivienda y, al conocerse su fallecimiento, manifestantes realizaron un minuto de silencio.
La historia deja expuesto uno de esos contrastes que las administraciones suelen redactar en lenguaje técnico: soluciones habitacionales, procedimientos judiciales y mecanismos de mediación frente a una persona que simplemente quería regresar a la casa donde había pasado buena parte de su vida.
La solución finalmente apareció. Maricarmen ya no llegó a abrir la puerta.