Informes de inteligencia chilena califican como un posible “evento crítico” el viaje que un buque comercial realizará desde Magallanes hacia las Islas Malvinas a fines de este año.
La operación involucrará al Danstar, una nave de 72 metros de eslora, bandera chilena y perteneciente a la empresa Easter Island Naviera. Según fuentes que conocieron esos reportes, existe preocupación por la posibilidad de que el primer recorrido genere un incidente con Argentina.
En una primera instancia se evaluó realizar la navegación entre Punta Arenas y Puerto Stanley a través del Mar de Drake, con el objetivo de reducir las posibilidades de un conflicto internacional.
Sin embargo, esa alternativa fue descartada porque podía interpretarse como una renuncia al ejercicio de la soberanía chilena. Por esa razón, el trayecto se realizará a través del Estrecho de Magallanes.
La fecha exacta del zarpe se mantiene bajo reserva. De acuerdo con las fuentes citadas, la decisión busca evitar medidas que puedan generar una “tensión innecesaria” con Argentina.
También se descartó que el Danstar sea acompañado por unidades militares chilenas, debido a que se trata de una embarcación comercial operada por una empresa privada.
Una nueva ruta comercial hacia las Malvinas
El viaje se desarrolla en el marco de una estrategia de Punta Arenas para recuperar una histórica relación comercial con las Islas Malvinas.
Las autoridades magallánicas buscan convertir a la ciudad en el “supermercado” de las islas, luego de que Chile perdiera protagonismo frente a Uruguay como proveedor de bienes y servicios.
Durante septiembre, 60 empresas de Magallanes y 132 entidades de las islas participaron de un encuentro realizado en Cabo de Hornos.
Uno de los principales argumentos a favor de la ruta chilena es logístico: la distancia marítima entre Punta Arenas y las Islas Malvinas es aproximadamente 1.100 kilómetros menor que la que separa al archipiélago de Montevideo.
El Danstar transportará alimentos y provisiones de distintos tipos y cuenta con una capacidad de carga de 1.389 toneladas.
El temor a una eventual interceptación argentina
De acuerdo con los informes mencionados, uno de los escenarios más delicados evaluados por la inteligencia chilena es una eventual interceptación o captura del buque por parte de fuerzas argentinas, ya sea mediante la Prefectura Naval o la Armada.
Los escenarios considerados más plausibles ubican un eventual incidente una vez que la nave salga del Estrecho de Magallanes e ingrese en las 12 millas correspondientes al mar territorial argentino.
La discusión gira en torno a las normas internacionales que garantizan el libre tránsito y el “paso inocente” de embarcaciones, independientemente de su bandera, y a decretos argentinos que Chile considera incompatibles con esos principios.
Uno de ellos fue promulgado en febrero de 2010 durante el gobierno de Cristina Fernández y exige autorización previa a cualquier buque que navegue entre el territorio continental argentino y las Islas Malvinas.
Otro decreto, firmado en julio de 2021 durante la administración de Alberto Fernández, definió al Estrecho de Magallanes como un “espacio compartido” y planteó la posibilidad de un “control conjunto” con Chile.
Esa disposición generó reclamos de la diplomacia chilena, que sostiene que contradice el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, acuerdos que, según la posición de Santiago, reconocen la soberanía chilena sobre el estrecho.
En 2025, Javier Milei se comprometió a corregir esa situación, aunque hasta el momento no se concretó una modificación.
La “prueba de fuego” para la relación bilateral
Luis Valentín Ferrada Walker, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile e investigador principal del Instituto Milenio BASE, sostuvo que “Argentina tiene dos limitaciones muy importantes para el ejercicio de su autoridad”.
“La primera es de carácter general y está prevista por la propia Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar: debe permitir que los buques de cualquier bandera gocen del derecho de paso inocente tanto por el mar territorial como, con aún mayor razón, por los demás espacios marinos. La segunda tiene un origen más específico y está impuesta por el Tratado de Paz y Amistad de 1984. Conforme a este, Argentina se obliga a mantener, en cualquier tiempo y circunstancia, el derecho de los buques de todas las banderas a navegar de forma expedita y sin obstáculos a través de sus aguas jurisdiccionales hacia y desde el Estrecho de Magallanes”, detalla.
El especialista agregó que, más allá de los derechos argentinos sobre sus aguas atlánticas, “no pueden impedir, de modo alguno y de manera jurídicamente lícita, la navegación de un buque chileno, y en realidad de cualquier bandera, incluida la británica de las Islas Falkland/Malvinas, que vaya desde Punta Arenas por el Estrecho de Magallanes hacia tales islas o que venga de regreso de las mismas”.
Por su parte, el analista geopolítico Juan Pablo Berlinger consideró que una eventual detención del Danstar por unidades argentinas implicaría una violación de esos acuerdos y podría convertir el caso en un asunto de relevancia para el derecho internacional y las relaciones bilaterales.
Consultado sobre si el viaje puede considerarse una prueba de fuego, respondió: “En simple, sí. Argentina estaría declarando ‘insanablemente nulo’ el Tratado de Paz y Amistad de 1984”.
La expresión remite al concepto utilizado por el gobierno argentino el 25 de enero de 1978 para rechazar el Laudo Arbitral de 1977 sobre la soberanía en el canal Beagle.
Las fuentes de inteligencia consultadas señalaron además que la información ya fue canalizada hacia la administración del presidente José Antonio Kast.
Los reportes fueron enviados por vías institucionales al Ministerio de Defensa y, desde allí, derivados a otras áreas gubernamentales involucradas, especialmente Cancillería y Presidencia.
Aunque no se confirmó la fecha exacta de esas comunicaciones, una de las fuentes indicó que comenzaron después de que se formalizara una nueva ofensiva argentina vinculada con las Islas Malvinas.
Informes de inteligencia chilena califican como un posible “evento crítico” el próximo viaje comercial del buque Danstar desde Punta Arenas hacia las Islas Malvinas. La ruta, prevista por el Estrecho de Magallanes, podría generar una nueva tensión diplomática con Argentina por diferencias sobre navegación, soberanía y normas aplicables en aguas de la región.
Chile se prepara para enviar un buque comercial desde Punta Arenas hacia las Islas Malvinas y, de pronto, un viaje de provisiones quedó a un par de informes de inteligencia de convertirse en el episodio geopolítico más incómodo del extremo sur. El protagonista será el Danstar, un barco de 72 metros que llevará alimentos y mercaderías, aunque por el volumen de atención diplomática podría pensarse que transporta uranio enriquecido, secretos de Estado y la receta original de la empanada patagónica.
El problema no está tanto en lo que lleva, sino en por dónde piensa pasar. La ruta elegida atravesará el Estrecho de Magallanes y luego zonas donde Chile y Argentina sostienen interpretaciones distintas sobre soberanía, tránsito marítimo y alcance de determinadas normas. En Santiago temen una eventual interceptación argentina; en los informes, ese escenario aparece como uno de los riesgos más sensibles. Todo esto para un barco mercante que, en teoría, debería tener como principal preocupación si la carga llegó completa y no si termina protagonizando un seminario internacional sobre derecho del mar.
La operación tiene además una dimensión comercial. Punta Arenas quiere recuperar protagonismo como proveedor de las islas y convertirse en su “supermercado”, aprovechando una distancia marítima menor que la de Montevideo. El Danstar, con capacidad para 1.389 toneladas, se transformó así en algo bastante más grande que un simple carguero: ahora representa comercio regional, soberanía, tratados internacionales y ese talento sudamericano para convertir una ruta logística en un tablero diplomático.
El viaje también revive viejas discusiones jurídicas. Chile sostiene que el Tratado de Paz y Amistad de 1984 garantiza el paso expedito de buques, mientras que decretos argentinos de 2010 y 2021 son vistos desde el otro lado de la cordillera como fuentes potenciales de conflicto. La discusión lleva décadas acumulando documentos, interpretaciones y susceptibilidades, que son los tres combustibles más eficientes de cualquier diferendo limítrofe.
Por ahora, la fecha exacta del zarpe se mantiene reservada y se descartó una escolta militar para evitar elevar todavía más la tensión. Es decir, todos aseguran que quieren evitar un incidente, mientras se preparan minuciosamente para la posibilidad de que ocurra uno. La diplomacia regional conserva intacta su capacidad para transformar un viaje comercial en una prueba de fuego sin necesidad de disparar una sola bengala.
