González precisó que la cifra se ubica entre el 50% y el 60% de los que se presentan al examen. El dato sale de American Advisor, el centro médico privado que dirige, y no de un relevamiento del Ministerio de Salud de San Juan ni de la dirección de Tránsito.
Qué exige la ley para las licencias profesionales
La Ley Nacional de Tránsito 24.449 exige un certificado de aptitud física para otorgar la licencia de conducir. La norma distingue entre las licencias profesionales y las particulares.
Para las profesionales, el certificado de aptitud física es el requisito que se pide al otorgar la licencia. El examen psicofísico es la instancia en la que se obtiene y en la que se evalúa la aptitud para conducir.
Según el médico, buena parte de los que llegan con obesidad, hipertensión o diabetes no lo sabía. Para ese grupo, el trámite de la licencia es la primera vez que el tema aparece en un papel.
Qué pasa con quien ya tiene un diagnóstico
Para quien ya sabe que convive con alguna de esas condiciones y tiene que renovar o sacar por primera vez la licencia profesional, el requisito es el mismo: la aptitud certificada en el examen.
Las licencias profesionales son las que habilitan a conducir camiones, transporte de pasajeros y vehículos de emergencia. En los tres casos, el psicofísico es el paso previo al certificado de aptitud física.
El 50% al 60% de los que tramitan la licencia profesional en San Juan tiene obesidad, hipertensión o diabetes, según Octavio González, de American Advisor. González es el director médico de ese centro y dijo que muchos lo desconocen hasta el examen psicofísico. Las cifras no provienen de un relevamiento del Ministerio de Salud ni de la dirección de Tránsito. La ley 24.449 exige un certificado de aptitud física para otorgar la licencia.
La idílica fantasía de sentarse al volante de un camión con acoplado o un colectivo interurbano para dominar las rutas acaba de toparse con el veredicto más temido de la medicina contemporánea: el tensiómetro y la balanza. Octavio González, director médico de American Advisor, reveló que entre el 50% y el 60% de los postulantes a la licencia de conducir profesional en San Juan se presenta al examen psicofísico conviviendo con obesidad, hipertensión o diabetes. Lejos de tratarse de una estadística oficial del Ministerio de Salud provincial o de la Dirección de Tránsito, los números brotan directamente de los consultorios de este centro privado, donde decenas de aspirantes descubren de golpe que la verdadera prueba de fuego no era estacionar marcha atrás en una pendiente, sino superar una tirita reactiva de glucemia.
El drama clínico adquiere ribetes existenciales al comprobarse que una porción considerable de los conductores profesionales no tenía la menor idea de su cuadro hasta que un médico les puso el sello frente a las narices: el trámite burocrático termina funcionando como un debut diagnóstico forzado. La Ley Nacional de Tránsito 24.449 no muestra piedad poética y exige sin excepciones un certificado de aptitud física para quienes pretendan maniobrar vehículos pesados, colectivos de pasajeros o ambulancias de emergencia, marcando una frontera implacable entre el simple mortal con registro particular y quien aspira a pilotear semejantes moles mecánicas.
Para aquellos que ya cargan con el diagnóstico confirmado en su historial, la ley tampoco contempla atajos mágicos ni privilegios de veterano: la renovación exige exactamente el mismo dictamen de aptitud expedido tras el riguroso examen. Así, mientras el transporte de cargas y pasajeros busca garantizar la seguridad vial en cada esquina, la antesala del registro se transforma en una carrera contrarreloj donde los reflejos al volante dependen, antes que de la pericia técnica, de mantener las arterias en condiciones reglamentarias para no quedar fuera de carrera.
