El Gobierno de San Juan evalúa aplicar multas y otras sanciones a las empresas de colectivos por la interrupción del servicio registrada este miércoles, en medio del conflicto salarial que mantienen los choferes con el sector empresario. Así lo confirmó el secretario de Tránsito y Transporte, Marcelo Molina, quien remarcó que la prestación debe garantizarse y que la medida no había sido comunicada oficialmente al organismo.
Molina cuestionó que los usuarios hayan quedado afectados por una medida que, según explicó, fue adoptada de manera intempestiva. “El pasajero no puede ser rehén de ciertas circunstancias”, sostuvo, y señaló que desde Transporte no habían recibido una comunicación formal sobre la retención del servicio.
Qué sanciones podría aplicar el Gobierno
El funcionario explicó que, si se constata un incumplimiento en la prestación del servicio, la normativa contempla sanciones económicas y multas. También indicó que esos antecedentes pueden ser considerados cuando llegue el momento de evaluar la continuidad de las concesiones.
“Son multas, son sanciones económicas”, detalló Molina, quien agregó que cada incumplimiento puede quedar registrado para analizar posteriormente qué empresas prestaron correctamente el servicio y cuáles no.
De todos modos, aclaró que existen dos ámbitos diferentes para abordar el conflicto. Mientras la Secretaría de Transporte tiene la responsabilidad de controlar que el servicio concesionado se cumpla, la situación vinculada con el reclamo laboral debe ser analizada en el ámbito de la Subsecretaría de Trabajo.
Molina cuestionó la falta de comunicación previa
Según el secretario, las unidades estaban diagramadas para prestar el servicio, pero la mayoría no salió a la calle. Algunas unidades sí circularon, aunque fueron pocas en comparación con el esquema habitual.
Molina sostuvo que la retención se produjo sin una comunicación oficial previa a Transporte, a diferencia de otras medidas en las que, según explicó, se había advertido con anticipación para evitar afectar a los pasajeros.
“Esta ha sido una medida intempestiva sin una comunicación oficial”, afirmó durante la entrevista.
El funcionario también hizo referencia al contexto interno de UTA, que atraviesa un proceso electoral, aunque planteó que esa circunstancia deberá ser evaluada para determinar si tuvo alguna incidencia en la situación.
El conflicto salarial y las posibles responsabilidades
Molina reconoció que existe información sobre un acuerdo salarial y una nueva escala que no se habría cumplido en los pagos, situación que podría haber desencadenado la protesta de los trabajadores.
Sin embargo, diferenció ese reclamo laboral de la obligación de garantizar el transporte público. “El conflicto gremial es un conflicto gremial que afecta al servicio, no es un conflicto del servicio”, explicó.
En ese sentido, indicó que el Gobierno buscará dialogar con los distintos sectores para determinar qué ocurrió y por qué no se cumplió con lo acordado, aunque remarcó que no aceptarán que los reclamos se canalicen mediante acciones que afecten la prestación.
Durante la entrevista, Molina también fue consultado sobre versiones que indicaban que algunos trabajadores que intentaron salir a prestar servicio habrían sido interceptados y amenazados por otros choferes. El funcionario señaló que estaba tomando conocimiento de esa situación a partir de la entrevista y advirtió que, de confirmarse, podría derivar incluso en una denuncia policial.
“Protestar, reclamar, buscar un derecho corresponde, pero no se puede condicionar de esa manera si alguien quiere desarrollar la actividad”, sostuvo.
Por ahora, el Gobierno no confirmó una sanción concreta ni contra una empresa determinada, pero Molina dejó en claro que se analizarán los incumplimientos registrados durante la jornada y que, si corresponde, se aplicarán las herramientas previstas por la normativa para garantizar la prestación del servicio.
El Gobierno de San Juan analiza aplicar multas y otras sanciones a empresas de colectivos por la interrupción del servicio registrada este miércoles. El secretario de Tránsito y Transporte, Marcelo Molina, señaló que la prestación debía garantizarse, cuestionó que la medida no fuera comunicada oficialmente y adelantó que se evaluarán los incumplimientos y eventuales responsabilidades.
La interrupción del servicio de colectivos abrió un nuevo capítulo en esa extensa tradición administrativa argentina en la que, después de que algo deja de funcionar, comienza inmediatamente la investigación para determinar quién tenía la obligación de evitar que dejara de funcionar. Esta vez, el Gobierno de San Juan puso la lupa sobre las empresas y evalúa multas por una jornada en la que gran parte de las unidades quedó fuera de circulación.
El secretario de Tránsito y Transporte, Marcelo Molina, fue categórico al plantear que “El pasajero no puede ser rehén de ciertas circunstancias”. La frase resume con notable precisión la experiencia de miles de usuarios que este miércoles descubrieron que poseer una SUBE, conocer el recorrido y llegar puntualmente a la parada son condiciones necesarias, aunque aparentemente no suficientes, para viajar en colectivo.
Desde Transporte sostienen que las unidades estaban diagramadas, pero la mayoría no salió a prestar servicio. Algunas sí circularon, aunque en una proporción reducida. El esquema dejó una postal peculiar: colectivos previstos sobre el papel, pasajeros previstos en las paradas y un servicio real dedicado a explorar conceptos más abstractos.
Ahora aparecen las posibles sanciones económicas y el registro de antecedentes para futuras evaluaciones de las concesiones. Porque en el transporte público cada incumplimiento puede tener memoria institucional, incluso cuando los usuarios preferirían algo bastante menos sofisticado: que el colectivo llegue.
A todo esto se suma el conflicto salarial, la falta de comunicación oficial y versiones sobre posibles amenazas a trabajadores que pretendían prestar servicio. El Gobierno promete revisar cada frente por separado, una tarea que requerirá distinguir entre conflicto gremial, obligación empresarial, responsabilidad concesionaria y eventuales conductas individuales. Una especie de rompecabezas institucional en el que, mientras todos buscan la pieza faltante, el pasajero sigue esperando en la esquina.