Las cifras de siniestralidad vial registradas en San Juan durante los primeros cinco meses de 2026 vuelven a reflejar una realidad preocupante: **las motocicletas continúan siendo el vehículo más involucrado en las muertes de tránsito**. De acuerdo con el relevamiento de la Asociación Familias del Dolor y la Esperanza, elaborado a partir de registros policiales, judiciales y seguimiento propio de los casos, entre enero y mayo fallecieron **46 personas** en distintos siniestros viales ocurridos en la provincia.
El dato más contundente surge al analizar el perfil de las víctimas. **Veintitrés de los 46 fallecidos viajaban en motocicleta**, lo que representa exactamente el 50% del total. En otras palabras, uno de cada dos muertos en calles y rutas sanjuaninas era motociclista.
Los motociclistas, en el centro de la estadística
La tendencia no resulta nueva. Año tras año, los motociclistas aparecen entre los usuarios más vulnerables de la vía pública debido a la escasa protección estructural que ofrece este tipo de vehículo frente a impactos o maniobras riesgosas.
Detrás de ellos se ubican los automovilistas, con **9 víctimas fatales**, equivalentes al 19,6% del total. El resto de las muertes se distribuye entre otros actores del tránsito:
Motociclistas: 23 fallecidos.
Automovilistas: 9 fallecidos.
Ciclistas: 5 fallecidos.
Peatones: 3 fallecidos.
Conductores de camiones: 3 fallecidos.
Conductores de camionetas: 2 fallecidos.
Otros usuarios: 1 fallecido.
Mayo fue el mes con más víctimas
La evolución mensual también muestra la persistencia del problema. **Mayo cerró como el mes más letal del año con 12 fallecidos**, seguido por marzo con 10 víctimas. Enero registró 9 muertes, abril acumuló 8 y febrero cerró con 7.
Lejos de exhibir una tendencia descendente, los registros evidencian que los episodios fatales continuaron produciéndose de manera sostenida a lo largo del período analizado.
Una problemática que sigue vigente
Los números coinciden con advertencias formuladas desde hace tiempo por organismos especializados, familiares de víctimas y entidades vinculadas a la seguridad vial. Durante el primer trimestre del año ya se había detectado que más de la mitad de los fallecidos viajaban en motocicleta, una proporción que terminó consolidándose al finalizar mayo.
Entre los factores señalados con mayor frecuencia aparecen la **alta circulación de motocicletas**, la falta de protección estructural de estos vehículos, el exceso de velocidad, las maniobras imprudentes y las deficiencias en el cumplimiento de las normas de tránsito.
Más allá de las cifras, el relevamiento expone el impacto humano detrás de cada caso. Los **46 fallecidos** registrados entre enero y mayo representan historias interrumpidas y familias atravesadas por pérdidas irreparables. Sin embargo, entre todos los indicadores, uno sobresale con especial fuerza: **la mitad de las víctimas fatales viajaba sobre dos ruedas**.
En un contexto donde las campañas de concientización y los controles continúan formando parte de las estrategias de prevención, las estadísticas vuelven a colocar el foco sobre la vulnerabilidad de los motociclistas y los desafíos pendientes para reducir la mortalidad vial en San Juan.
Entre enero y mayo de 2026, **46 personas murieron en siniestros viales en San Juan**, según un relevamiento de la Asociación Familias del Dolor y la Esperanza. La mitad de las víctimas viajaba en motocicleta, consolidando una tendencia que vuelve a poner el foco sobre la vulnerabilidad de quienes circulan sobre dos ruedas y los desafíos pendientes en materia de seguridad vial.
Las estadísticas de tránsito tienen una costumbre inquietante: llegan cargadas de porcentajes, cuadros y columnas, pero siempre esconden historias que nadie quisiera protagonizar. En San Juan, los números volvieron a sentarse sobre la mesa con la misma elegancia de una alarma de incendio a las tres de la mañana. Y entre todos ellos apareció uno que no necesitó levantar la voz para hacerse escuchar: uno de cada dos fallecidos en siniestros viales viajaba en moto.
La motocicleta, ese vehículo que logra la hazaña de ser al mismo tiempo solución económica, compañera cotidiana y protagonista recurrente de los informes más duros sobre seguridad vial, volvió a encabezar la lista. Como si cada balance anual viniera con una cláusula automática que la ubica en el primer puesto de una clasificación que nadie quiere liderar.
Mientras tanto, las campañas de concientización repiten su recorrido habitual. Los carteles recuerdan usar casco, respetar velocidades y cumplir normas. Los controles aparecen en fechas señaladas. Los especialistas advierten. Los familiares reclaman. Y las estadísticas, implacables como un reloj suizo con vocación de auditor, vuelven a marcar una realidad conocida: el diagnóstico está escrito desde hace tiempo, pero la enfermedad sigue encontrando espacio para avanzar.
El dato adquiere todavía más peso cuando se observa la evolución mensual. Mayo cerró como el período más letal del año. No hubo tregua estadística ni descenso que permitiera hablar de una mejora sostenida. Los números fueron acumulándose mes tras mes, como si cada calendario nuevo trajera también una cuota fija de preocupación.
Lo paradójico es que nadie parece sorprendido. Y quizá ahí reside parte del problema. Cuando una cifra tan contundente deja de generar asombro y pasa a formar parte del paisaje informativo, la alarma ya no está en los números: está en la costumbre. Porque detrás de cada registro hay una ausencia, una familia que recibió una noticia imposible de procesar y una silla vacía que no aparece en ningún gráfico. Las estadísticas ordenan los datos; las consecuencias, en cambio, siempre quedan desparramadas.